Adentro/Afuera VI
Exposición colectiva de Lola Vela, Mario Manso, Solange Contreras Pavez, Carlos Cañadas, Daniel Domínguez Romero, Rocío Arjona Arévalo













Adentro/Afuera VI
Exposición colectiva de Lola Vela, Mario Manso, Solange Contreras Pavez, Carlos Cañadas, Daniel Domínguez Romero, Rocío Arjona Arévalo
10 abril - 17 abril 2026
Créditos
Diego Beyró
Dosier
DescargarLa sexta edición de Adentro/Afuera continúa con la voluntad de abrir un lugar de encuentro para artistas recién graduados, entendiendo esta exposición como un lugar de tránsito entre el contexto académico y los primeros momentos de profesionalización. En esta ocasión, participan estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, junto a artistas de la Universidad de Granada. Este momento se plantea como un desplazamiento, una salida que es también una toma de posición, un primer gesto en la construcción de una práctica propia.
Lejos de responder a un eje temático cerrado, las obras reunidas parecen trazar una red de relaciones. Una serie de aproximaciones diversas a la manera en que nos vinculamos con aquello que nos rodea: con el cuerpo, el espacio, el tiempo que habitamos, la historia -propia o colectiva-, el lenguaje o incluso con lo ausente. En este sentido, esta exposición funciona como un mapa provisional de posiciones, donde diversas formas de situarse ante el mundo ensayan, desde la práctica artística, modos de relación que oscilan entre lo íntimo y lo estructural, lo material y lo simbólico, lo cotidiano y lo imaginado.
Adentro/Afuera funciona así como un dispositivo de escucha, un lugar donde atender a cómo estas prácticas emergentes no solo producen imágenes, objetos o acciones, sino también maneras de estar y de situarse. En ese "entre" -entre dentro y fuera, entre formación y práctica, entre uno mismo y los otros- es donde estas obras encuentran su lugar.
La práctica de Solange Contreras Pavez (Santiago de Chile, 1975) se articula desde una perspectiva ecofeminista, que combina su experiencia como mujer latinoamericana con la preocupación por la crisis ecológica contemporánea. A través de tecnologías ancestrales, saberes vernáculos y procesos de baja tecnología, su trabajo propone otras formas de producción y relación, más cercanas al cuidado, la interdependencia y la sostenibilidad. En "Conectores, sistemas para hacer alianzas" (2024–2026), la artista construye una instalación modular a partir de madera —palos, ramas— y objetos encontrados intervenidos como el caucho. Estas estructuras, aparentemente precarias, encuentran estabilidad en su vínculo con otras, insistiendo en la idea de comunidad y apoyo mutuo, adaptándose al espacio que habita.
Mario Manso (Logroño, 2004) trabaja desde el encuentro con la materia y el espacio, donde lo sólido y lo líquido, lo natural y lo industrial se entrelazan en equilibrios delicados y temporales. La sal juega un papel central en su práctica, un material que circula entre los elementos y el entorno, entra y sale, se consume y se expulsa, generando estructuras y canales de manera natural. Sus piezas se reorganizan según el espacio que las rodea y el contacto con quienes las atraviesan, mostrando lo formal como algo vivo y flexible. La práctica de Manso invita a percibir la materia como un organismo en movimiento, un puente entre cuerpo, espacio y tiempo, y un modo de explorar la relación entre lo orgánico y lo espacial.
Lola Vela (Madrid, 2002) transforma la intimidad en un cuerpo expandido. Partiendo de su habitación y de la escritura como motor de investigación, crea una muñeca de gran tamaño que encarna experiencias, recuerdos y emociones, simbolizando la posibilidad de abrirse a caminos propios y desobedecer normas impuestas. Ensamblada con telas heredadas y materiales cosidos a mano, la pieza se despliega bajo un toldo que actúa como un espacio liminal, un "entre" que conecta lo íntimo con lo público, protegiendo al cuerpo pero manteniéndolo en relación con el exterior. Entre costura, escritura y color, Lola construye un mundo donde subjetividad, goce personal e imaginación queer y feminista permiten explorar formas de existencia libres y menos violentas.
Las pinturas de Carlos Cañadas (Granada, 1998) pertenecen a su serie "Las piedras y las flores", un cuerpo de trabajo centrado en la relación entre dos presencias que se acompañan, se enfrentan o se reflejan mutuamente. Inspirado en la figura del psicopompo, los personajes —hermanos, amigos o enemigos— encarnan dinámicas de poder, contradicción y cuidado mutuo. A través de esta serie, Cañadas convierte la pintura en un terreno para explorar la ambigüedad de los vínculos y la manera en que nos relacionamos con los otros, mostrando cómo la cercanía y la tensión entre opuestos pueden abrir nuevas formas de ver y sentir.
Las obras de Rocío Arjona (Málaga, 2002) funcionan como un registro del movimiento y la tensión entre presencia y ausencia. Cada pintura surge entre los vacíos que deja la anterior, como si se tratara de una cadena donde el color, la forma y el gesto se concatenan para sostener algo que siempre está a punto de pasar. Viento, horizonte y paisaje actúan como motores invisibles que mueven tanto los cuerpos de la pintura como los del artista. Sus obras oscilan entre lo visible y lo fantasmático, articulando un espacio donde la ausencia tiene peso y lo que parece escaparse puede, a la vez, sostenerse.
El trabajo de Daniel Domínguez (Cádiz, 2000) surge de la materialización del lenguaje, entendiendo palabras, sonidos y gestos como cuerpos que se pueden dibujar, esculpir y escribir. Sus piezas de la serie "Diálogos" entrelazan lo oral y lo visual para revelar los restos del habla, los tropiezos y los silencios que nos atraviesan. Nacen del conflicto con los materiales y del tiempo del taller: arrugas, cortes y dobleces se convierten en cicatrices que hablan de curación y autonomía. Cada obra se enfrenta a su entorno y se adapta, ganando corporeidad antes de ser reconocida como parte de su trabajo. Aquí, el lenguaje se vuelve cuerpo y espacio, funcionando como intermediario entre lo que decimos, lo que sentimos y lo que finalmente perdura, abriendo nuevas formas de relación con las palabras, los objetos y el mundo. La práctica de Daniel invita a percibir cómo lo que habitualmente entendemos como comunicación puede transformarse en forma, ritmo y presencia, explorando nuevas maneras de relacionarnos con las palabras, con los objetos y con el mundo que nos rodea.
Lejos de responder a un eje temático cerrado, las obras reunidas parecen trazar una red de relaciones. Una serie de aproximaciones diversas a la manera en que nos vinculamos con aquello que nos rodea: con el cuerpo, el espacio, el tiempo que habitamos, la historia -propia o colectiva-, el lenguaje o incluso con lo ausente. En este sentido, esta exposición funciona como un mapa provisional de posiciones, donde diversas formas de situarse ante el mundo ensayan, desde la práctica artística, modos de relación que oscilan entre lo íntimo y lo estructural, lo material y lo simbólico, lo cotidiano y lo imaginado.
Adentro/Afuera funciona así como un dispositivo de escucha, un lugar donde atender a cómo estas prácticas emergentes no solo producen imágenes, objetos o acciones, sino también maneras de estar y de situarse. En ese "entre" -entre dentro y fuera, entre formación y práctica, entre uno mismo y los otros- es donde estas obras encuentran su lugar.
La práctica de Solange Contreras Pavez (Santiago de Chile, 1975) se articula desde una perspectiva ecofeminista, que combina su experiencia como mujer latinoamericana con la preocupación por la crisis ecológica contemporánea. A través de tecnologías ancestrales, saberes vernáculos y procesos de baja tecnología, su trabajo propone otras formas de producción y relación, más cercanas al cuidado, la interdependencia y la sostenibilidad. En "Conectores, sistemas para hacer alianzas" (2024–2026), la artista construye una instalación modular a partir de madera —palos, ramas— y objetos encontrados intervenidos como el caucho. Estas estructuras, aparentemente precarias, encuentran estabilidad en su vínculo con otras, insistiendo en la idea de comunidad y apoyo mutuo, adaptándose al espacio que habita.
Mario Manso (Logroño, 2004) trabaja desde el encuentro con la materia y el espacio, donde lo sólido y lo líquido, lo natural y lo industrial se entrelazan en equilibrios delicados y temporales. La sal juega un papel central en su práctica, un material que circula entre los elementos y el entorno, entra y sale, se consume y se expulsa, generando estructuras y canales de manera natural. Sus piezas se reorganizan según el espacio que las rodea y el contacto con quienes las atraviesan, mostrando lo formal como algo vivo y flexible. La práctica de Manso invita a percibir la materia como un organismo en movimiento, un puente entre cuerpo, espacio y tiempo, y un modo de explorar la relación entre lo orgánico y lo espacial.
Lola Vela (Madrid, 2002) transforma la intimidad en un cuerpo expandido. Partiendo de su habitación y de la escritura como motor de investigación, crea una muñeca de gran tamaño que encarna experiencias, recuerdos y emociones, simbolizando la posibilidad de abrirse a caminos propios y desobedecer normas impuestas. Ensamblada con telas heredadas y materiales cosidos a mano, la pieza se despliega bajo un toldo que actúa como un espacio liminal, un "entre" que conecta lo íntimo con lo público, protegiendo al cuerpo pero manteniéndolo en relación con el exterior. Entre costura, escritura y color, Lola construye un mundo donde subjetividad, goce personal e imaginación queer y feminista permiten explorar formas de existencia libres y menos violentas.
Las pinturas de Carlos Cañadas (Granada, 1998) pertenecen a su serie "Las piedras y las flores", un cuerpo de trabajo centrado en la relación entre dos presencias que se acompañan, se enfrentan o se reflejan mutuamente. Inspirado en la figura del psicopompo, los personajes —hermanos, amigos o enemigos— encarnan dinámicas de poder, contradicción y cuidado mutuo. A través de esta serie, Cañadas convierte la pintura en un terreno para explorar la ambigüedad de los vínculos y la manera en que nos relacionamos con los otros, mostrando cómo la cercanía y la tensión entre opuestos pueden abrir nuevas formas de ver y sentir.
Las obras de Rocío Arjona (Málaga, 2002) funcionan como un registro del movimiento y la tensión entre presencia y ausencia. Cada pintura surge entre los vacíos que deja la anterior, como si se tratara de una cadena donde el color, la forma y el gesto se concatenan para sostener algo que siempre está a punto de pasar. Viento, horizonte y paisaje actúan como motores invisibles que mueven tanto los cuerpos de la pintura como los del artista. Sus obras oscilan entre lo visible y lo fantasmático, articulando un espacio donde la ausencia tiene peso y lo que parece escaparse puede, a la vez, sostenerse.
El trabajo de Daniel Domínguez (Cádiz, 2000) surge de la materialización del lenguaje, entendiendo palabras, sonidos y gestos como cuerpos que se pueden dibujar, esculpir y escribir. Sus piezas de la serie "Diálogos" entrelazan lo oral y lo visual para revelar los restos del habla, los tropiezos y los silencios que nos atraviesan. Nacen del conflicto con los materiales y del tiempo del taller: arrugas, cortes y dobleces se convierten en cicatrices que hablan de curación y autonomía. Cada obra se enfrenta a su entorno y se adapta, ganando corporeidad antes de ser reconocida como parte de su trabajo. Aquí, el lenguaje se vuelve cuerpo y espacio, funcionando como intermediario entre lo que decimos, lo que sentimos y lo que finalmente perdura, abriendo nuevas formas de relación con las palabras, los objetos y el mundo. La práctica de Daniel invita a percibir cómo lo que habitualmente entendemos como comunicación puede transformarse en forma, ritmo y presencia, explorando nuevas maneras de relacionarnos con las palabras, con los objetos y con el mundo que nos rodea.