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But still, life

Exposición individual de Cristina Stolhe

But still, life

Exposición individual de Cristina Stolhe

10 septiembre - 14 octubre 2022

Créditos

Elena Feduchi

El Chico presenta la primera exposición individual de Cristina Stolhe (Pontevedra, 1993), But still, life.

Desde hace más de un año y medio, el Chico se ha ocupado de revisar las prácticas artísticas de los artistas emergentes en España para tratar de entender a través de ellas qué es lo que culturalmente está sucediendo en nuestros tiempos tan raros y convulsos. También es verdad que por diversos motivos, hemos dedicado una gran parte de este espectro a la pintura, y en el afán de un entendimiento más amplio, es que presentamos nuestra primera exposición de fotografía. Esta exposición nos confronta con varias incógnitas –a las cuales ya estamos acostumbrados y e incluso adecuados– que intentaremos resolver o alimentar en el mejor de los casos durante el tiempo que dure esta exhibición. La primera cuestión y quizás la más evidente, es preguntarnos qué hace la fotografía –entendida como práctica artística– hoy en día, cuáles son sus objetivos y sobre todo, qué es lo que aporta a un ecosistema híper-comunicado.

Para enfrentarnos a la tarea de esta exhibición, hemos tenido que tirar de las herramientas que las anteriores nos han dejado. Nos parece evidente que la generación de Cristina está abordando su realidad de una manera más directa que las generaciones inmediatamente anteriores; probablemente por que su generación no tenga la ventaja de la nostalgia del pasado y el yugo de lo implacable del futuro. Esta condición bien puede entenderse como sombría, pero preferimos dejar a un lado los juicios de valor para poder adentrarnos de la manera más libre en los procesos que estos artistas han echado a andar. A través de los artistas que hasta hoy han pasado por este espacio, hemos no solo aprendido, sino realmente asimilado que la información y su vertiginosa proliferación es un símbolo que está convirtiéndose en artefacto creador a través de las prácticas de los artistas contemporáneos, y más precisamente, de los emergentes. ¿Por qué pintar si tenemos la fotografía?

La pintura es una traducción de la realidad, la fotografía, una manipulación de la realidad; aquí es donde encontramos el meollo, la dificultad y a grandes rasgos, la razón de ambas prácticas. Cuando hablamos de manipulación no estamos haciéndolo de manera peyorativa, sino en un sentido técnico, y a su vez, lo técnico no lo entendemos como perfección formal, sino más bien como un proceso descarnado de representar para otros lo que uno mismo ve, en este caso, la fotógrafa. Esta representación técnica (lo trataremos como un término) es hoy más difícil de lo que lo era en la era pre-digital, pre-internet, y cuando algo se convierte de nuevo en desafiante, es cuando hay que volver a plantearnos la necesidad de hacerlo. Hacer fotografía después de Instagram. ¿Es necesaria hoy una exposición de fotografías que dibujan la realidad de una única persona? Sí, lo es cuando esas fotografías, esas representaciones técnicas de una realidad individual resuenan en la colectividad. Intuimos que para la mayoría, es más fácil entender la mística de la pintura por cuestiones formales, dialécticas, cromáticas incluso; sin embargo y desde nuestra perspectiva, la mística de la fotografía es una que se mantiene celosa de sí misma, de revelarse (valga la redundancia) al primer intento. En nuestra experiencia, la sensación de ser parte de un todo a través de una práctica fotográfica, nos ha sucedido solamente en dos ocasiones, siendo el trabajo de Cristina una de ellas y en esa sensación es donde creemos que radica esa mística etérea.

De una manera estrictamente objetiva, la fotografía es quizás el medio más prolífico en nuestros tiempos, pero más allá de esa objetividad, lo que hemos encontrado en la obra de Stolhe es la capacidad de remontarnos a la importancia del individuo como parte de un todo. Probablemente y con razones justas, esas identificaciones sucederán de una manera más inmediata en espectadores de su generación o de las más cercanas, y también es esto lo que nos impulsa a presentar esta exposición. Hablar del trabajo de Cristina es a la vez fácil y complejo: fácil por que su obra es brutalmente inmediata, complejo por que aún después de asimilar su práctica, no nos sentimos capaces de catalogarla como una fotógrafa a secas. Una vez más, nos sentimos muy cómodos comparando el arte con la hechicería, Cristina –nos atrevemos a decir que sin pretenderlo– es la que conjura a través de sus fotografías esa mística invisible que como un espejo, nos recuerda que aunque seamos individuales, siempre formaremos parte de una misma vida común a todos. Diferentes bodegones, but still, life.

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