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No recuerdo cómo llegué hasta aquí

Exposición individual de Alejandro Guijarro

No recuerdo cómo llegué hasta aquí

Exposición individual de Alejandro Guijarro

23 abril - 5 junio 2026

Créditos

Diego Beyró

Dosier

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Presentamos “No recuerdo cómo llegué hasta aquí”, la segunda exposición individual de Alejandro Guijarro (Madrid, 1979). La muestra reúne una serie de obras inéditas que se han ido gestando en los últimos años, siguiendo la singular metodología de trabajo e investigación tan característica de la práctica de Guijarro; una vez más, el medio fotográfico funciona menos como resultado que como pretexto, herramienta y dispositivo de pensamiento.

La práctica de Alejandro ha girado de manera constante en torno a la memoria y, en este caso, también a la naturaleza misma del recuerdo. Le interesa la complejidad del cerebro, aunque quizá esta investigación opera también como una vía para comprender el funcionamiento de las relaciones humanas: cómo recordamos, qué decidimos —consciente o inconscientemente— conservar, qué queda relegado al olvido y de qué manera se activa esa capacidad de discernimiento entre lo que merece ser almacenado y lo que no. Resulta especialmente sugerente que una práctica tan profundamente vinculada a la memoria se articule, al mismo tiempo, desde una imposibilidad: incluso para el propio artista resulta difícil explicar cómo ha llegado hasta aquí, hasta unos resultados que distan mucho de lo que cabía esperar al inicio de esta investigación.

En la experiencia cinematográfica tradicional, la película es un vehículo para la narrativa lineal: una secuencia de fotogramas que depende de la persistencia de la visión para construir una “historia” coherente. En estas obras, esa linealidad se desmantela de forma sistemática. Al entretejer películas domésticas encontradas, el artista transforma la imagen en movimiento en una narrativa distribuida, no estática, que refleja la naturaleza caótica y a la vez constructiva del propio cerebro.

En este sentido, las piezas funcionan como un análogo material de los sistemas internos de recuperación de la memoria. El cerebro humano no recupera los recuerdos como archivos completos e inmutables; por el contrario, los reconstruye mediante oscilaciones neuronales —patrones rítmicos de actividad eléctrica que se sincronizan entre distintas regiones de la mente—. Los fotogramas individuales de estas películas olvidadas actúan aquí como auténticos “hilos sinápticos”, tejidos entre sí para generar complejos patrones de interferencia.

El azar ocupa un lugar central en esta investigación, al igual que el empeño del artista por controlarlo. Las imágenes que contemplamos nacen del accidente, pero posteriormente se complejizan a través de un algoritmo diseñado por el propio Alejandro, concebido en principio como una herramienta para simplificar el proceso. Sin embargo, del mismo modo que los resultados terminan siempre por escaparse de nuestras manos, la simplificación nunca se produce del modo deseado. En este punto, Guijarro parece asumir un rol más cercano al del científico que al del contemplador esteta: no sería erróneo afirmar que su método se aproxima más al científico que al artístico. Y, sin embargo, es precisamente su sensibilidad y su particular sentido de la forma lo que termina ofreciéndonos estos artefactos: objetos construidos por y desde el arte, en los que método, accidente y memoria convergen en una misma superficie.

Del mismo modo que el cerebro debe orientarse a través del “ruido” interno para encontrar una señal clara, el espectador debe atravesar una retícula geométrica centelleante para descubrir las imágenes ocultas en su interior. El efecto moiré generado por la superposición del celuloide no es simplemente un truco óptico; es un intento de representar la llamada interferencia de la memoria, donde la superposición de experiencias pasadas distorsiona, refuerza o incluso reemplaza por completo el registro original.

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