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Fernando Mastretta

Barcelona, 1961

Fernando Mastretta desarrolla una práctica pictórica en la que el cuadro funciona como un espacio de sedimentación, donde se cruzan la experiencia personal, la memoria visual y la propia historia de la pintura. Su obra no parte de citas o referencias directas, sino de la transformación de esas influencias en estructuras, ritmos, formas y tensiones propias. A lo largo de los años, Mastretta ha construido una manera de trabajar basada en la acumulación, el ensayo y la depuración, así como en el uso de reglas y repeticiones que establece previamente y que después lleva hasta sus límites. Estas reglas no buscan cerrar el sentido de la pintura, sino generar un marco desde el que el cuadro pueda evolucionar y abrirse a distintas posibilidades.

La memoria ocupa un lugar central en este proceso. Mastretta entiende la pintura como una forma de hacer visible una experiencia acumulada, tanto personal como colectiva, que con el tiempo ha pasado de planteamientos más narrativos y concretos hacia formas cada vez más evocadoras y abstractas. Sin embargo, su pintura no se sitúa de manera definitiva en ninguno de estos dos territorios. Lo figurativo y lo abstracto conviven y se mantienen en tensión, permitiendo que las imágenes emerjan, se transformen y desaparezcan sin llegar a quedar completamente definidas. De este modo, cada obra se construye como un espacio abierto a la asociación y a la experiencia del espectador.

Formalmente, su pintura se caracteriza por el diálogo constante entre control y fisicidad. Capas densas y translúcidas que se desplazan o se desvanecen y estructuras que organizan la composición, al mismo tiempo que la ponen en crisis, configuran obras rigurosas pero nunca rígidas. El accidente y la materia tienen un papel tan importante como la estructura y la planificación. Esta convivencia entre orden y pulsión atraviesa toda su práctica y permite que la emoción surja desde el propio sistema de trabajo, en lugar de imponerse sobre él. Alimentada también por la música, la lectura, la poesía, los viajes y la experiencia cotidiana, su pintura se entiende así como un proceso continuo de aprendizaje y transformación, en el que cada obra recoge lo anterior y, al mismo tiempo, abre el camino hacia lo que todavía está por descubrir.

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